Un equipo de investigadores ha localizado restos de un cadáver en
la madrileña iglesia de las Trinitarias. El forense y director de la operación, Francisco
Extebarría, asegura que «es posible» que «algunos de los fragmentos» pertenezcan a Cervantes. BIEN. ¡Viva
la ciencia! ¡Huracán de certidumbre! Al forense solo le ha faltado decir: “Bueno,
todavía no podemos decirlo con seguridad. Piense que la ciencia no es una
ciencia exacta”.
Mientras los… Eje… “científicos” siguen hurgando en el polvo para
localizar los restos de un escritor muerto, sus libros se venden a precio de
artículo de lujo. Así es la era en la que vivimos. Una época en la que las
librerías de los centros comerciales atesoran más ganancias con la venta de
figuritas en miniatura de escritores, que con sus propios libros. La Gol den
aje del fetichismo y
los juguetes para adultos infantil izados.
El ser humano escribe para driblar a la muerte, para que su obra le trascienda. Irónicamente, es el personaje del escritor
el que acaba trascendiendo a su propia obra, eclipsándola y dejándola en un
segundo plano. Localizar cadáveres de escritores se ha vuelto más prioritario
que leer sus libros. Pronto, los ("posibles") huesos ("de
algunos fragmentos") de escritores muertos serán las nuevas figuritas de
acción coleccionadles. Idolatría post-mortem para ricos caprichosos adictos al
merchandising. ¡Olvida la pluma, Cervantes! ¡Queremos tu centenario y
estropeado culo decorando el salón!
COMENTARIO:
Si queréis ver al escritor don, Cervantes recomiendo que vayan a las librerías, compren sus obras, y comprobaran que sigue vivo, de todos modos les
traigo una narrativa de este extraordinario, escritor y que en un párrafo del
quijote dice así: “De aquí sacarán mis huesos, cuando el cielo sea
servido que me descubran, mondos, blancos y raídos, y los de mi buen rucio con
ellos, por donde quizá se echará de ver quién somos...” (Quijote,
II, 55). Así se lamentaba Sancho Panza, caído en una honda sima, de vuelta de Baratería. Como sabía
Sancho, “los cuerpos de los santos... los reyes besan los pedazos de sus
huesos, adornan y enriquecen con ellos sus oratorios y sus más preciados
altares” (II, 8). Pero antes de A la penuria en que murió quiso sumar Cervantes la ejemplaridad y la modestia cristianas, haciéndose amortajar con el hábito de


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