Hace 60 años en Balaklava, uno de los
lugares turísticos más populares de Crimea, empezó la construcción de una
base-búnker de submarinos soviéticos dentro de una roca, sitio que hasta ahora
asombra por su grandiosidad.
Hace justo 60 años que en los mapas de la
península de Crimea desapareció una ciudad entera, una ciudad conocida en la
literatura y en las leyendas locales.
A mediados del siglo XX, en plena Guerra Fría, cuando EE.UU. y la URSS estaban
inmersos en una gran carrera armamentística, en 1953, Iósif Stalin ordenó crear
un búnker para submarinos capaz de resistir ante cualquier bombardero, incluido
el nuclear, cuenta el portal militar ruso Voennye Materialy.
Con este objetivo se eligió la bahía de
Balaklava, pintoresca ciudad en el Mar Negro, muy cerca de Sebastopol, donde en
1953 comenzó la construcción del llamado Objeto 825 GTS.
Escondida detrás de dos grandes
rocas acantiladas y de una misteriosa entrada estrecha, con promontorios
naturales a ambos lados, la tranquila bahía y la ciudad de Balaklava estuvieron
siempre rodeadas de misterios y secretos, como casi todas las tierras de
Crimea. Acerca de la misteriosa bahía han crecido multitud de leyendas,
antiguas y no tanto, desde los viajes de Ulises a la presencia de innumerables
tesoros del barco
británico Príncipe Negro, que se hundió
en la bahía cuando supuestamente llevaba el salario de todo el Ejército
británico que desembarcó en este puerto durante la Guerra de Crimea, en el
siglo XIX.
Esta vez los secretos y misterios que albergaban sus rocas eran tan altos y
reales, que el mando soviético incluso eliminó la ciudad de los mapas y
prohibió entrar en ella a todos, salvo a sus habitantes y al numeroso personal
de la base.
Instalado dentro de una enorme roca en la cual puede caber una pirámide
egipcia, la base es capaz de soportar un impacto directo de una de bomba
nuclear de 100 kilotones (cinco veces la de Hiroshima). Además, el búnker tiene
unas puertas de 10 toneladas, que protegen la base del
impacto de una bomba química o nuclear. El Objeto 825 GTS tiene
capacidad para albergar a entre siete y nueve submarinos y habitabilidad para
3.000 personas durante 30 días.
Indetectable
en los años 50 y 60 para los potenciales enemigos y convertida al término de la
Guerra Fría en museo, la roca-bunker de 127 metros de altura está atravesada
por canales artificiales de 1.500 metros de longitud, entre 8 y 9 metros de
profundidad y una anchura de entre 12 y 22 metros. Los submarinos soviéticos de los proyectos 608, 613 y 633 de la Flota del Mar Negro de la URSS entraban a la roca directamente desde el mar y salían de ella para volver a efectuar sus misiones de patrulla. En paralelo con el canal fue construido un dique seco de 107 metros para la reparación de sumergibles. Además de los submarinos, la roca albergaba un arsenal nuclear.






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