Entre el Clásico, la madre
de todos los partidos de Liga, y la muerte de Adolfo Suárez, el padre del “Café
para todos, que la cuenta ya la pagarán mis nietos”, los medios españoles han
encontrado la excusa perfecta para ningunear la multitudinaria manifestación
que tuvo lugar en Madrid. El periódico ‘El País’ se descontó de 1.950.000
manifestantes de menos. Ni Sergio Ramos con la infanta Elena de secretaria lo
hubiera hecho tan mal. O tan bien, según se mire.
Este país está tan jodido
por tantas partes distintas, que las manifestaciones son como una junta de
vecinos: Todo el mundo tiene algún motivo para quejarse. 'Yayo flautas' y
estudiantes. Parados y subempleados. Negros y blancos. Todos ellos se unieron
para reclamar “pan, trabajo y techo”, tres derechos fundamentales, recogidos en
la tan amada Constitución con la que Rajoy se unta cada mañana las tostadas del
desayuno, que le llenan la boca de fuerza y vigor para todo el día, para lo que
le interesa... A estas alturas, la situación es tan dramática que la Policía no
necesita gas lacrimógeno para hacer llorar a los manifestantes (aunque lo
emplearon, y sin escatimar).
La prensa española es como
un anciano provinciano y acomplejado, que ve el romanticismo en todo lo que
ocurre fuera de sus muros, incluso donde no lo hay, como en las manifestaciones
filo-fascistas del Maidan ucraniano, pero desprecia cuanto ocurre a su
alrededor. Solo así se entiende que dos millones de ciudadanos se conviertan,
por arte de la redacción, en cuatro guarros pro-etarras esnifa-porros
mata-gatitos que destrozan los valiosos escaparatitos de sus anunciantes.
nuestra, Geografía impune mente. ¿HASTA CUANDO?...LA RECORTA.

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